Domingo 5 de octubre de 2014

NOA

En el NOA la precarización tiene cara de mujer

Mantenemos hospitales y escuelas, damos clases en el campo y la ciudad, limpiamos casas de otros, atendemos en comercios, cosechamos frutas y plantamos tabaco. Estos son algunos de los trabajos que cientos de miles de mujeres realizamos en el NOA. La precarización laboral es el factor común en todos, nos identifica y tiene cara de mujer.

Mantenemos hospitales y escuelas, damos clases en el campo y la ciudad, limpiamos casas de otros, atendemos en comercios, cosechamos frutas y plantamos tabaco. Estos son algunos de los trabajos que cientos de miles de mujeres realizamos en el NOA. La precarización laboral es el factor común en todos, nos identifica y tiene cara de mujer.

Detrás de los elevados porcentajes de trabajo en negro (más del 40% el trabajo no registrado), desocupación (entre el 3.9 y 7.2 %, según el Boletín estadísticos de las provincias 2013 de IDEP-ATE), hambre e indigencia estamos nosotras y nuestras familias. Somos quienes realizamos los trabajos peores pagos y en pésimas condiciones laborales.

Por eso, nuestra realidad como mujeres trabajadoras muestra la cara más perversa del régimen político en estas provincias. Salarios de hambre, como los $500 al mes que cobran las municipales en Ledesma, no es la excepción de la regla, sino lo que prevalece. Los empresarios consideran que son dueños de nuestro trabajo y de nuestro tiempo, por eso, mientras los comerciantes o patrones del campo tienen casas y autos lujosos, a nosotras nos tienen en negro, de manera temporaria y realizando jornadas extenuantes de más de ocho horas. También consideran que son dueños de nuestros cuerpos, por eso son reiterados los casos de abuso sexual en los lugares de trabajo bajo la amenaza de dejarnos sin ellos, y muchos integran las redes de trata de las que tantas jóvenes caen presas de las mismas en busca de un salario para vivir.

El trabajo en el Estado no es diferente, los funcionarios del PJ y la UCR se sirven de las mil y un formas de precarización laboral que han definido como política de Estado, sin ningún tipo de aporte social, como jubilación y obra social, y sin derechos sindicales elementales que nos permitan organizarnos y reclamar nuestros derechos. Así abaratan nuestro trabajo, nos usan y descartan, juegan con nuestra necesidad, por eso a cambio de trabajo en estas condiciones nos chantajean y obligan a realizar campañas electorales y a votar por nuestros propios verdugos. Después de una década de crecimiento esta situación no sólo no se ha revertido sino que, los gobiernos provinciales del NOA, en sintonía con el gobierno nacional, han profundizado las políticas de precarización para beneficio de los empresarios.

Dulces como el azúcar, resistentes como la caña

Las mujeres no podemos esperar nada de estos gobiernos ni de la oposición patronal, que ya han demostrado que cuando la crisis empieza a golpear están de acuerdo en descargarla sobre las y los trabajadores con ajuste, suspensiones y despidos. Por eso hemos visto en los últimos meses, en la Panamericana, a las mujeres trabajadoras y esposas de obreros despedidos de LEAR, enfrentar la represión comandada por Sergio Berni.

Las vimos confraternizar con las mujeres trabajadoras y estudiantes, con las maestras de sus hijas e hijos que acercan su solidaridad a la carpa que montaron frente a la multinacional autopartista. Hemos visto también a la Comisión de Mujeres de Donnelley pelear junto a sus compañeros varones, que pusieron a producir la fábrica sin patrones, por la estatización de la misma para que ¡Nunca Mas! Haya familias en la calle.

Las mujeres en el NOA somos aguerridas porque, de generación en generación, transformamos las terribles condiciones de vida a la que nos enfrentamos en resistencia. Por eso nos sentimos hermanadas con las mujeres de LEAR y Donnelley, con las trabajadoras y estudiantes que en todo el país se empiezan a poner de pié para pelear por nuestros derechos.

En nuestras provincias estamos al frente de cada lucha de nuestras familias, como la de los cuartas en el ingenio La Esperanza, con la comisión de mujeres de Zapla y estatales en Jujuy, las valientes docentes de Salta y las docentes universitarias de Tucumán. Somos las que impulsamos comisiones de mujeres al calor de las luchas, en los sindicatos y en los lugares de trabajo, porque somos conscientes del rol decisivo que podemos jugar si estamos convencidas de lo que queremos defender y por qué luchar.

Por eso vamos a continuar organizando para terminar con las cadenas que pesan sobre nuestros cuerpos y sobre nuestras vidas, y vamos a participar del Encuentro de Mujeres en Salta para hacer escuchar nuestras demandas y junto a todas las mujeres que participan, votar un plan de lucha por los derechos de las trabajadoras y todas nuestras demandas. Porque no somos ni sumisas, ni devotas... ¡Somos luchadoras!