Viernes 11 de abril de 2008

ELLA Y NOSOTRAS

El particular "feminismo" de Cristina

Algunas afirmaciones de Cristina Fernández en medio del paro de 21 días del campo contra las retenciones del gobiernos parecían una ’reivindicación del género femenino’ por parte de la presidenta.

Celeste Murillo@rompe_teclas

Algunas afirmaciones de Cristina Fernández en medio del paro de 21 días del campo contra las retenciones del gobiernos parecían una "reivindicación del género femenino" por parte de la presidenta.

Recordemos que Cristina asumió en el marco de lo que ella misma denominó "el siglo de las mujeres", por la llegada al poder la presidenta chilena Michelle Bachelet, la candidatura de Segolene Royal en Francia y la suya propia que terminó con su triunfo. Recordemos también que esto generó muchos debates acerca de la participación política de las mujeres y de cómo serían sus gobiernos en el nuevo siglo.

Desde el acto de asunción en La Plata en diciembre de 2007, Cristina Fernández ha dejado en clara su particular "reivindicación" del género femenino. Allí dijo: "Quiero recurrir a mis compañeras de género, a las mujeres, formadoras de valores, la primera formadora de valores junto a su hijo. Ustedes saben que nunca he concebido al género como un espacio de confrontación, lo considero ridículo eso". Ésta podría ser una afirmación general, si no viviéramos en una sociedad donde los prejuicios patriarcales se traducen trágicamente en alarmantes cifras de violencia contra las mujeres, en la oscura realidad de las 500 mujeres que mueren por año en Argentina por abortos clandestinos, en la vida cotidiana de millones de mujeres trabajadoras.

Por si hubiera alguna persona distraída en el público ese día, punto seguido, la flamante presidenta hizo una declaración que no deja lugar a dudas sobre su particular visión de la opresión: "Las mujeres estamos preparadas biológicamente para el dolor, culturalmente para la dificultad y funcionalmente para trabajar en simultáneo".

- ¡Tamaña "reivindicación"! -¿Las mujeres tendríamos que aceptar por mandato biológico entonces los embarazos no deseados, los maltratos, la violencia y la discriminación, además de la doble jornada laboral? Cabe recordar además que una de sus últimas declaraciones en campaña electoral fue "siempre me he definido en contra del aborto", reafirmando lo que el gobierno de su marido había jurado al Vaticano: en Argentina no se legalizaría el aborto mientras duraran sus mandatos.

Aunque esto merecería un debate aparte, vayamos ahora a las "reivindicaciones de género" que hizo Cristina Fernández durante el reciente conflicto con los sectores del campo que se oponían a las retenciones. -¿Qué reivindicación es ésa?

La presidenta denuncia, con razón, que a la hora de hacer críticas a sus medidas se usa su género femenino para estigmatizarla y proferirle una variada serie de epítetos. Es más (y esto la presidenta no lo dice, claro): aunque durante estos primeros meses de gobierno se le atribuye a su marido, el ex presidente Néstor Kirchner, el poder verdadero detrás de la Rosada, a la hora de las críticas barnizadas con tintes misóginos, ella ha sido el blanco. Es claro que nunca se apuntó contra Néstor Kirchner como alguien "irracional", "soberbio" o por vestir con trajes de marcas parisinas. Y Cristina Fernández no hace más que continuar con las medidas de gobierno de su marido, entonces -¿el problema es el botox o el exceso de maquillaje? Nos parece que eso puede indignar, pero es algo secundario. La realidad es que el gobierno de Cristina es una clara continuidad del de Néstor Kirchner. La continuidad está en la devaluación del salario de trabajadores y trabajadoras, mientras los empresarios se llenan los bolsillos. La continuidad está en las millonadas que amasaron y amasan los terratenientes, que no han sido otra cosa que grandes beneficiarios del sistema "dólar alto-salarios bajos". La continuidad está en la política de impunidad para los genocidas. Pero esta continuidad se vislumbra en las medidas políticas y no en la libreta matrimonial.

Mientras tanto, Cristina aprovecha los epítetos misóginos en su contra para victimizarse y hacer una reivindicación de género, planteando que a ella, por ser mujer, todo le es adverso y más difícil. -¡Qué hipocresía, recurir a la cuestión de género para hacer de las justas reivindicaciones de las mujeres a no ser discriminadas una bandera a favor de su política contra la clase trabajadora y el pueblo pobre!

La presidenta dijo: "Sé que tal vez me cueste más porque soy mujer, porque siempre se puede ser obrera, se puede ser profesional o empresaria, pero siempre nos va a costar más". Una gran verdad: la sociedad es machista y para las mujeres todo significa un doble esfuerzo. Sin embargo, la presidenta se olvidó de apuntar que en el país que ella gobierna, las obreras no usan camisas de Versace ni carteras Luis Vuitton, porque ni siquiera pueden cubrir la canasta básica de alimentos para sus familias con los miserables salarios que cobra la mayoría; porque el 54% de las trabajadoras trabaja en malas condiciones, cobra su salario en negro, sin jubilación ni obra social. En este marco, poner a la par una obrera y una empresaria (de esa porción mínima que se lleva millones gracias a la política del gobierno de Cristina) es un verdadero cachetazo de soberbia contra millones de mujeres que son explotadas y oprimidas en la Argentina.

La presidenta dijo también: "Como les dije el 10 de diciembre, sé que siendo mujer me va a costar un poco más, pero que no se confundan con mi aparente fragilidad, tengo ejemplos de mujeres que vencieron a lo que ningún hombre podía vencer. Allí están, a un costado, con sus pañuelos blancos en la cabeza...". Esos pañuelos blancos que ahora están en los palcos oficiales le hacían el juego, en la Plaza de Mayo, al gobierno que cuenta en su haber con un desaparecido hace más de un año y medio, Jorge Julio López, y mantiene libre al 95% de los genocidas.

Frente a la asunción de Cristina Fernández, Pan y Rosas decía "Ellas o nosotras". La inflación, los bajos salarios, la impunidad y la política de su gobierno muestran más que nunca que se trata de "Ellas o nosotras". Sus "reivindicaciones de género" están puestas al servicio de la política de su gobierno que aceita los mecanismos para que una minoría se enriquezca a costa del trabajo de millones de hombres y mujeres. Un gobierno que se niega a poner fin a la tragedia del aborto clandestino que se cobra 500 vidas por año y pone en peligro la vida de millones por las condiciones inhumanas en que se practican la interrupción de los embarazos, afectando especialmente a las mujeres trabajadoras y pobres. Un gobierno que mantiene y apaña a la justicia que deja libre a los violadores y juzga a las mujeres que son víctimas de la violencia patriarcal. La misma justicia que mantiene libres a los genocidas, y por otro lado persigue y criminaliza la protesta de trabajadores y trabajadoras que luchan por sus derechos. La justicia que, como muestra crudamente el fallo reaccionario de la Corte Suprema, condena a 14 años de cárcel a una víctima de violación como Romina Tejerina, mientras le otorga el derecho a asumir como diputado al reconocido torturador Luis Patti.

Nunca depositamos ninguna confianza en que la presencia de una mujer en la Casa Rosada fuera a modificar la vida de millones de mujeres. Hoy ya es más claro para miles de mujeres que no nos habíamos equivocado en esto. La agenda de Cristina incluye perpetuar este "modelo", donde las instituciones de la democracia para ricos funcionen como lo que son: pilares del Estado de los capitalistas contra la clase trabajadora y el pueblo pobre.

- ¿Qué vamos a hacer las mujeres frente a esto? Pan y Rosas sostiene, como siempre, que los derechos no se mendigan, se conquistan. Y esto sólo puede hacerse con la movilización de las mujeres y la clase trabajadora, con independencia de la Iglesia, el Estado y los partidos patronales.




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