Sábado 12 de julio de 2014

SOBRE LA JORNADA NACIONAL EN APOYO A LOS DESPEDIDOS DE LEAR

Crónica de una de las detenidas

Eran las dos y media de la madrugada y yo comenzaba a despertarme, a dar vueltas en mi cama. sabia que nos esperaba una larga jornada. Durante el viaje hacia Lear los compañeros nos informaban la situación y el modo de corte.

Eran las dos y media de la madrugada y yo comenzaba a despertarme, a dar vueltas en mi cama. sabia que nos esperaba una larga jornada. Durante el viaje hacia Lear los compañeros nos informaban la situación y el modo de corte.

Llegamos a la panamericana al rededor de las seis de la mañana; logramos burlar a la gendarmería e hicimos el corte. Muchísima tensión, muchísima ansiedad nos contagiábamos. Escuchábamos las sirenas, mirábamos hacia adelante entre los compañero e íbamos avisándonos que ya se nos acercaban. Eran muchos, con sus escudos, palos, armas. Con ese pasito que usan para amedrentarnos.

Íbamos resistiendo, apoyándonos, acompañándonos, intentando que nadie quede lejos pero... quedamos acorralados entre ellos los autos y mas de ellos; corrimos para un lado, para el otro; En un "segundo" transcurrió todo. Un impacto que sentí en mi pierna, el barro, los guardarrail, los sonidos y ellos que se acercaban por todos lados. Un segundo en el que tambaleo mi decisión de para donde ir y me encontré sola.

Se me cruzaron mil cosas pero creí que la mas importante era volver a juntarme con mis compañeros. corrí hacia ellos, pero un fuerte brazo represor me lo impidió. Me tiro al suelo, se me tiraron encima y ahí quede, viendo como golpeaban brutalmente a un compañero.

Segundos pasaron pero una eternidad para mi, cuando me vi con tantos verdes encima, con sus escudos golpeándome y yo pidiendo que no lo hicieran. Me dirigieron al camión donde encontré a un compañero (Gonza) con toda la cara ensangrentada. me ataron las manos en mi espala y ahí nos dejaban. El no dudo en averiguar de donde era yo y contarme de el, esa conversación me sirvió para darme cuenta que tenia un aliado muy cerca. Vimos como todos ellos festejaban el "triunfo", como se mostraban las heridas. como se regocijaban al haber reprimido luchadores.

Al rato subieron dos compañeros mas y unos cuantos gendarmes heridos. Nos dirigieron al hospital para mostrar como habíamos llegado. Para que al compañero que en peor estado estaba lo cosieran sin anestesia (todavía me resuena en mi mente sus palabras cuando pregunto si lo iban a coser sin anestesia) y luego al destacamento. nos sentaron alejados y nos informaron que estábamos incomunicados, que no podíamos hablar entre nosotros.

Las horas iban trascurriendo, por momentos la situación se volvía tensa. nos querían incriminar todo el tiempo, querían que firmemos cosas que no tenían nada que ver con nosotros y cuando veían que de uno al otro nos íbamos comunicando con un gesto, hacían lo imposible para que no nos viéramos.

"Esto es por su bien, tienen que colaborar..." nos decían, pero no lograban que firmemos falsas acusaciones.

Pasaron varias horas hasta que el Dr. Comas pudo ingresar a vernos. Hasta ese momento yo no sabia en que situación estaba. Sabia que tenia que llegar algún compañero a apoyarnos pero las horas pasaban, las esposas incomodaban, el cansancio y la tensión se hacían muy difíciles de llevar. Llegó el momento, ese momento donde me confirmaron que no había ningún herido de gravedad y que los detenidos solo eramos nosotros. Mi miedo al pensar que a mi hija le podría haber pasado algo era tremendo!. Agustín me calmó, me serenó y me dejó lo mas tranquila que pudo; más tarde ingresó a dejarnos para comer donde me lo crucé camino al baño y me confirmó que había hablado con mi hija y que estaba todo bien. Vimos el partido, luego 678. no sabíamos que era peor, estar ahí o 678.

Escuchábamos muchas cosas, entre ellas que nos iban a trasladar, pero también sabíamos que el tramite de reincidencia tardaba seis horas y lo que nos quedaba era la paciencia.

Llegó el momento, nos anunciaron que nos iban a hacer un precario médico. Eramos cinco los detenidos, estábamos esposados, nos subieron al camión con dos de ellos para cada uno, con sus palos en manos o entre las piernas.

Nos pasearon un buen rato. Paramos en una villa donde habían más de ellos apostados con sus armas pero no sabíamos que pasaba. En ese momento pase el peor miedo, no sabia que iban a hacer con nosotros. El camión volvió a arrancar, eran las doce y en la radio sonaba el himno nacional. el que iba de copiloto se dio vuelta hacia nosotros y dijo: "Feliz día de la patria compañeros!", nadie respondió, lo volvió a repetir... del medio del camión escuche: "viva!" y este con su voz de " soy la autoridad" le respondió: "¡Así me gusta!" En ese momento comprendí que la patria para mi no es lo que para ellos. para mi son las personas, las personas que sufren, las personas oprimidas y no esa cosa fea que estaba pasando, que nos estaba pasando. Llegamos al hospital cual terroristas. Nos revisaron y volvimos al destacamento donde vi la cantidad de compañeros que nos esperaban y el alma me volvió entera al cuerpo.

Nos leyeron el acta notificatoria de libertad y uno a unos nos íbamos abrazando. Luego el acta de lo sucedido donde tergiversaban los hechos. Decidimos, como anteriormente lo habíamos hecho, no firmar y... ¡salimos! Que alegría! que emoción! Quería gritar!! al menos algo hice por esa trabajadora que con sus lágrimas y telegrama de despido en mano tanto me conmovió en el acampe del ministerio.
Los momentos fueron difíciles, muchas emociones se jugaban. Pensar que mis hijos me esperaban y tenia que llegar a salvo era lo que mas me preocupaba pero a la vez tenia la convicción de que el conflicto de LEAR tiene que estar en boca de todos, tiene que ser asunto de todos.

Gracias a todos los que me acompañaron! Sobre todo a mi hermosa hija (militante de la Juventud Trabajadora en Sur) que me esperaba con sus lágrimas afuera.
Hoy mas que nunca voy a seguir luchando por la liberación de las clases oprimidas!!